Flanqueado por el Mar Tirreno, el volcán Vesuvio y la idílica isla de Capri, Nápoles tiene una colorida historia que se remonta a los tiempos griegos y romanos. Quedo hechizado de forma instantánea por su vibrante vida callejera, su tráfico caótico y las pequeñas y serpenteantes callejuelas llenas de artesanos. Me muevo por el bullicio, recogiendo impresiones de siglos pasados antes de sumergirme en una de sus muchas artísticas estaciones de metro. Me dirijo al Dulbecco Telethon Institute en IGB CNR para reunirme con un investigador romano. Si Valerio Orlando no fuera científico, hubiera sido director de cine, del tipo de Federico Fellini, pero, como me explica ahora, “Mi interés a largo plazo es entender cómo las células mantienen y quizás modifican su identidad gracias a la reorganización de sus cromosomas.”

El equipo de investigación de Valerio está investigando cómo nuestros genes llegan a estar bloqueados, inactivados y, quizás más tarde, reactivados. Los elementos que utilizan para comprender el control del genoma proceden principalmente de su investigación con la mosca de la fruta, aunque también han desarrollado técnicas para observar células de mamífero in vitro. Tanto las moscas como los mamíferos emplean genes homeóticos (de plan corporal) en su crecimiento y desarrollo. Los mutantes homeóticos, tales como las moscas con patas en la cabeza en lugar de antenas, fueron descubiertos hace algunas décadas. Más recientemente, los científicos se han dado cuenta de que un sistema de memoria controla el mantenimiento de la expresión de los genes homeóticos a través de complejos proteicos de acción antagonista. Las proteínas del grupo Polycomb son fundamentales en la represión de los genes homeóticos, mientras que las proteínas del grupo Trithorax reprimen la actividad de las proteínas Polycomb. Los fallos en la actividad de estos complejos también pueden causar cambios enormes en la identidad de la célula, en la pérdida de células madre y en el cáncer.

El objetivo a largo plazo es descubrir el complejo mecanismo por el que estos complejos proteicos pueden actuar sobre la estructura del cromosoma, activando y desactivando genes. “Las proteínas de memoria están en un punto de cruce entre la homeostasis y la diferenciación. Queremos abrir una ventana para la reprogramación del genoma,” me explica Valerio. “Creemos que si controláramos el sistema de memoria podríamos llegar a alterar el destino de células normales del cuerpo, que podrían redescubrir su juventud más temprana,” alega excitado. "Quizás podríamos asemejarlo a un escape del ciclo ritual de la vida y la muerte que los napolitanos conocemos tan bien.”