Esperanzada por todo lo que he oído, me embarco en un tren hacia Yorkshire. En West Yorkshire se encuentran algunos de los caminos más pintorescos de Gran Bretaña, particularmente en los montes Peninos. Después de un agradable viaje con vistas me encuentro en la vibrante ciudad de Leeds. Me dirijo directamente a la universidad donde Tolkien comenzó sus actividades literarias. Peter Meyer, recientemente calificado como ‘una voz de la razón’ por el Yorkshire Post, trabaja en el Centre for Plant Science. “Las plantas son nuestro mejor campo de trabajo para el estudio de los efectos epigenéticos en la respuesta al estrés”, dice Peter.

Me lo cuenta todo sobre los elementos móviles, segmentos del ADN que pueden literalmente saltar entre células con todo tipo de consecuencias. “Hay un conglomerado de virus y elementos móviles que han quedado atrás después de millones de años de evolución”. Un subconjunto de estas pequeñas secuencias repetidas llamadas elementos transponibles (ET) pueden saltar de un lado a otro en el genoma de las plantas, activando y desactivando genes. “La utilización de los ET es una ventaja evolutiva”, explica Peter. Estas secuencias están normalmente metiladas y son silenciosas, pero cambios ambientales pueden actuar como disparadores y hacer que entren en acción. Esto da a las plantas una oportunidad para responder a cambios ambientales.

“Parece que los transgenes, con los que trabajamos, actúan de forma similar a los ET”. Me enseña algunas bonitas fotos de flores rojas y blancas de Petunia y explica que los transgenes del color pueden desactivarse durante la vida de una planta. Lo que es más, estos cambios en el color de las flores están inducidos por el ambiente y pueden ser transmitidos a generaciones futuras. De hecho, este fenómeno epigenético es la base un viejo truco de cultivadores de plantas para asegurar características deseables.

Los cultivadores utilizan flores de desarrollo temprano, antes de que la planta envejezca y la actividad de sus genes cambie. A medida que una planta envejece, los transgenes del color pueden desactivarse, lo que resulta en flores blancas. Si se cruzan a partir de estas flores blancas, la descendencia es bastante diversa en color, produciendo flores rojas, blancas y variegadas. El trabajo de Peter ha trazado las líneas generales de las bases moleculares para esta determinación heredable de los patrones de color, en la que la metilación del ADN tiene un papel muy importante.