A la mañana siguiente, en el aeropuerto Schiphol de Ámsterdam, cojo un vuelo de KLM a Suecia. Aterrizamos en Estocolmo, ciudad donde nacieron Greta Garbo e Ingrid Bergman. El archipiélago se extiende 80 km al este de la ciudad con más de 24.000 islas esparcidas por el Mar Báltico. La ‘Ciudad de los Puentes’ erigida sobre catorce islas en el lago Mälaren, consigue fusionar el encanto del viejo mundo con la sofisticación de los rascacielos urbanos. Un elegante tren sueco me lleva a Huddinge para conocer a Karl Ekwall (Instituto Karolinska).

Karl me habla sobre los reguladores positivos y negativos de la expresión génica. “Los genes pueden ser expresados de forma diferente en un hígado o en una célula del cerebro y eso puede regularse mediante marcadores epigenéticos,” explica. “Algunos de esos marcadores son modificaciones de las histonas,las proteínas básicas usadas para compactar el ADN. En 1996, se produjo un gran avance en este campo cuando se aislaron las enzimas que modifican estas marcas epigenéticas.” Como Fred, Karl es consciente de que entender los mecanismos epigenéticos podría llevar a nuevas terapias. “Es importante porque en muchas enfermedades diferentes, como el cáncer, las marcas epigenéticas están mal y eso causa un tumor.” Karl estudia las marcas de las histonas en una clase diferente de levadura no usada en la fabricación del pan o la cerveza.

La levadura de fisión es prima hermana de la levadura de gemación. Ambas clases tienen alrededor de 2000 genes en común con los humanos. Karl y su equipo están haciendo mapas de marcas epigenéticas a lo largo del genoma de la levadura. Están identificando los puntos en los que las enzimas se unen para eliminar marcas como grupos acetilos. “El objetivo es entender cómo estas enzimas regulan realmente los genomas,” me dice Karl. Recientemente ha descubierto algo inesperado. “La misma enzima que se supone que transcribe los genes está de hecho implicada en desactivar partes del genoma”. Este nuevo papel para el intermediario entre el código genético y las proteínas funcionales subraya cuánto nos queda aún por entender sobre cómo se controla el ADN.

Y con esa revelación, Suecia me ve decir adiós a mis aventuras epigenéticas. Después de visitar diez países europeos, sólo he comenzado a arañar la superficie de este excitante campo de investigación. Aún así, esta pequeña muestra de la red me ha abierto los ojos a un nuevo lenguaje, una nueva forma de pensar sobre el ADN y los genes. Las palabras son las mismas, pero la gramática está evolucionando de forma exponencial, y el panorama que aparece es muy diferente al pintado en mis viejos libros de texto de biología. ¡Abajo los dogmas!