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Considerando que 2 metros de ADN entran dentro de un núcleo celular de unas pocas micras de diámetro, se podría pensar que la localización de un gen dentro de un cromosoma no es importante. Sin embargo, de la misma manera que los microambientes entorno a las ciudades afectan a las condiciones climatológicas locales, el movimiento de un gen a una vecindad cromosómica nueva puede hacer que éste se active o se desactive. Usando moscas y plantas como organismos modelo, Gunter ha identificado proteínas que posibilitan que distintas vecindades cromosómicas activen o repriman genes, y ha averiguado que estas proteínas son capaces de alterar el empaquetamiento del ADN con sus proteínas asociadas.